Pamplona renueva el Voto de las Cinco Llagas

Como cada Jueves Santo, la ciudad volverá a renovar en la parroquia de San Agustín su Voto de las Cinco Llagas. Pero, ¿sabéis de qué se trata? Es una tradición con mucha solera en nuestra ciudad, así que hoy os queremos contar el porqué de esta tradición:

En el año 1599, la peste arrasaba ciudades enteras por doquier. A Navarra llegó, según cuentan, desde Estella, abriéndose camino hasta la capital. Así pues, cuando la enfermedad causaba ya estragos en nuestra ciudad,  los ediles de Pamplona decidieron implorar la intervención divina que pusiera fin a la enfermedad.  Y estas son, según contó Premín de Iruña, las palabras con las que el Don Miguel de Donamaría y Ayanz, regidor cabo del Burgo, se encomendó a Dios:

«Señor Dios Todopoderoso y sempiterno. Yo, don Miguel de Donamaría, (…) regidor de esta ciudad, en mi nombre y en el de (cita todos los nombres de los demás regidores) y toda esta Ciudad, movidos con deseos de serviros y de honrar a los bienaventurado Santos, San Fermín, nuestro Patrón, San Sebastián y San Roque, de cuya intercesión nos queremos valer en esta necesidad presente de la peste de esta ciudad y en todas las que tuviese, prometo (…) que todos los años, desde agora para siempre jamás, la víspera del Bienaventurado San Fermín nuestro Patrón, en cualquier tiempo que se celebrase su fiesta, y la víspera del bienaventurado San Sebastián, no se comerá carne en esta Ciudad (…) pues a Vuestra Divina Majestad, bondad y clemencia, suplico humildemente por la sangre de Jesucristo Nuestro Señor y por la intercesión de estos santos, recibáis esta pequeña ofrenda de esta Ciudad, mirándola con ojos de misericordia y librándole de la peste y de cualquier enfermedad contagiosa y muy particularmente de las enfermedades de las almas, y a nosotros nos deis gracias, como nos la habéis dado, para desear y ofrecer esto para cumplir con la delegación que nos habéis puesto y acudir en todo al mayor bien de esta Ciudad».

                                                             (http://premindeiruna.blogspot.com.es)

Y bien debió de afanarse con su intercesión el bueno de San Fermín pues, en boca de un fraile franciscano de Calahorra, llegó la revelación:

«(…) así como el pastor cura las ovejas cuando tienen roña con el aceite, así curará Él las ovejas de la roña que tienen, con el aceite de misericordia de mis sagradas llagas y corona de espinas, poniéndolas en los pechos de todos, así enfermos como sanos, y que [se] haga[n] imprimir tantos papeles como hay chicos y grandes en la Ciudad, donde estén las cinco llagas mías y la corona de espinas, y que todos los chicos y grandes las traigan puesto en sus pechos quince días descubiertamente, y que haga hacer una procesión como en Jueves Santo, con su disciplina y que traigan estas sagradas insignias en andas al cabo de la procesión con toda la devoción que pudieren y después que hayan acabado la dicha procesión, las dejen con grande reverencia en una capilla en memoria de esta merced, y que dentro de 15 días que esto se hiciese, se quitará el mal y pestilencia que hay en la ciudad, y que esto será verdad como yo soy la misma verdad…»

(http://premindeiruna.blogspot.com.es)

El Obispo de la ciudad así dispuso hacer, celebrándose una procesión que, partiendo del convento de Nuestra Señora del Carmen, llegó a la parroquia de San Agustín. Los regidores  depositaron las insignias en el altar mayor, donde recibieron culto durante quince días. Transcurrida la quincena, la peste remitió.

Habiéndose cumplido la promesa, los ediles del Ayuntamiento, agradecidos, visitaron cada año la imagen del Santo en la parroquia de San Agustín, donde todavía se venera.

Un año después, el 2 de septiembre de 1600, los regidores acordaron colocar en sus medallas, en el reverso del escudo de armas, la imagen milagrosa de las llagas con la siguiente forma: «sobre fondo de oro, las cinco llagas de Cristo Nuestro Señor, esmaltadas de dolor rojo a modo de sangre, y por orla la corona de espinas de color verde».   (http://premindeiruna.blogspot.com.es)

 Con esta medalla ha acudido desde entonces la corporación del Ayuntamiento, con sus maceros y clarines, a la iglesia de San Agustín, a postrarse ante el simulacro de las llagas, en recuerdo del Voto que hizo la ciudad para librarse de la peste en 1599. 

Y es por este motivo que todos los años en Semana Santa, la Ciudad renueva el Voto de las Cinco Llagas.

© Fotografía:  http://premindeiruna.blogspot.com.es